martes, 28 de diciembre de 2010

No hay lágrimas, ni metáforas
ni poesía.
No hay máscaras,
ni disfraces.
No hay nada
ni un suspiro,
ni una rosa secándose al viento.
Solo un cuerpo tibio
aplomado.
Unos ojos rotos
que se cierran, cansados.
Solo yo,
solo este ser condensado,
aplastado, desabrido.
Solo este ser inexacto
que hace tiempo abandoné.

lunes, 27 de diciembre de 2010

Soy como una sombra
que pasa silenciosa
frente a unos ojos,
que no ven.
Yo me entrego, invisible
y no estas.
No puedo escribir,
no puedo tomar un lápiz en la mano
Sin utilizarlo como un puñal
en mi contra.

viernes, 24 de diciembre de 2010

Solo silencios,
nada de palabras, de sentimiento, de nada.
Extraño con fervor
la sonrisa alegre de la niña feliz
que alguna vez fui.

lunes, 20 de diciembre de 2010


Ríos de llanto, ríos de espanto.
Noches de sangre.
Caminos pedregosos de miedos que florecen.
Son gritos desesperados que me azotan, y yo gritando a la par.
Me veo en el reflejo de un rostro lastimero que ruega piedad.
¿Quién es ese rostro? No me reconozco.
Unos ojos inyectados de frío, de hielo
Desterraron mi vieja mirada inocente.
¿quién invade hoy mi cuerpo
Y lo llena de pensamientos oscuros?
Una par de manos sentenciantes
Ocupan hoy el lugar de viejas caricias aterciopeladas.
Hirientes garras,
Dolorosas palabras,
Sentimientos muertos
Que suspiran silencios.
Una rosa negra echó raíz en el cuerpo que acaricias.

sábado, 18 de diciembre de 2010

Clara y el mar.


A Clara le gustaba el mar. Le gustaba tanto como los paseos en bicicleta en las tardes de otoño, le gustaba mucho más incluso. Desde pequeña lo visitaba con frecuencia para jugar con él, o simplemente, para charlar al ritmo de las olas. Sí, Clara hablaba con el mar; reía y lloraba junto a él siempre que sacaba una buena nota, o aquella tarde nublada en la que falleció su abuela.
Siempre supo disfrutar las tardes de playa. Juntaba caracoles, armaba castillos de arena y le inventaba nombres a las distintas tonalidades de verdes, grises y azules que suelen dibujarse en la infinidad de las aguas. Soñaba y creía que el cielo era tan solo un simple reflejo de este gran cuerpo salino y que por las noches, miles de secretos de sirenas y amores que se escondían en las profundidades, se revelaban espejados en el firmamento, en la forma de cientos de estrellas.
¡A Clara le gustaba tanto el mar! Frecuentemente fingía tener el poder de dominar con el suave movimiento de sus dedos, la frecuencia e intensidad del romper de las olas contra el muelle. Intentaba con esmero, guardar en botellas los restos de bruma salina que la marea nocturna olvidaba en la costa, ya que creía con convicción, que la espuma marina eran trocitos de nubes que la luna enamorada le regalaba al océano.
Una tarde de primavera, Clara llevó a la playa su nueva muñeca de rizos dorados y mejillas ruborizadas. -Carola te presento al mar- le dijo sentando a la niña de plástico en la arena- querido mar, ella es mi nueva amiga: Carola. La tía Susy acaba de traérmela desde muy lejos- dijo. Luego, reflexionó al respecto unos instantes, seguramente su muñeca debía estar extrañando su casa y su familia. Exhaló con tristeza al chocar con esa idea. –A mi no me gustaría que me alejen de mis papás, no me gustaría que me alejen de la playa.
Esa tarde jugaron mucho. La niña corrió con su juguete a cuestas, se mojaron un poco y se recostaron a observar el horizonte. Clara asegura que durante ese crepúsculo el mar rió.
Comenzando ya el anochecer, la marea avanzaba lento, mordiendo la costa cada vez con más furia, ocualtandola bajo su cuerpo de agua.
Clara pensativa, miró a su muñeca y dijo- Caro tenemos que ir yendo. Mamá dice que cuando el Sol muere, el mar se enoja y crece, en su desesperado intento de alcanzar a su amada Luna. Termino este castillo y vamos, ¿te parece?- Carola permanecía inmóvil, inmutable sobre su trono de arena.
La muchacha le dio la espalda y continuó su obra con calma. Minutos después, un golpe de fría humedad la sorprendió distraida. La marea la estaba alcanzando. Buscó con la vista a su pequeña amiga de sonrisa eterna, pero solo agua encontró a su alrededor. Levantó su mirada impaciente, buscando con inquietud el cuerpo estático de su muñeca con vestido de colores. Entonces la vió alejándose, abrazada por las olas. Ya no podía alcanzarla. Desde la orilla, Clara la saludaba con nostalgia y resignación. El destello de la luna que asomaba se reflejaba en el sollozo de la niña. Lágrimas de cristal que también acabó por llevarse la marea.

A veces Clara se sienta en la arena, esperando aún su regreso.


viernes, 17 de diciembre de 2010

Soledad

Vendedora de besos dulces,
de flores de fantasía, de perfume barato.
Compradora de ilusiones muertas
de corazones olvidados.
Soledad,
danzas entre la gente,
Buscando tu nombre en los labios carnosos,
en los ojos gastados,
en las caricias contenidas,
en la abstinencia y la desesperación.
Soledad que se cobija en cuerpos tibios
que se alimenta de efímeros deseos.
Soledad que sola estas ahora
Que sabes que se ha ido.

jueves, 16 de diciembre de 2010

Nada

En sus ojos, nada.


En sus labios, un viejo recuerdo de sonrisas de arlequín.

En sus sueños, nada.

Los suspiros se pierden en el aire, irrespirable ya.

Los brazos pesan, sus manos ya no buscan alcanzar el cielo.

Sus párpados se cierran cansados, ya no quieren ver.

En sus sentimientos, nada.

Lágrimas sin reflejos, sin ternura ni dolor.

En su cuerpo nada,

Toda ella es nada y desaparece.

Lágrima 2009

Esos ojos negros
que me miran desde lejos,
ya no brillan como aquellos
que destellaban amor.
No puedo mirarlos fijos,
sin sentir pena en el pecho;
ni puedo hundirme en ellos,
sin que estalle mi corazón.
Quiero volver a ver en tus ojos,
esa luz que me embriagaba,
sin mentiras, sin rencores
que enloquecían mi razón.
Quiero quitar de esos ojos
las lágrimas y los temores,
las palabras dolorosas
que clavé en tu corazón.
Quiero sumergirme en tus ojos
y nadar profundo en tu mirada,
confiada y segura en palabras
que no me ahoguen en dolor.
Y quiero quitar de esos ojos
la oscuridad que los opacan,
que en su tinte de noche brille la luna
destello de vida que me regala tu amor.

Lágrima 2009

En el horizonte, sobre el crepúsculo,
se disuelve la tormenta de discusiones.
Tus ojos brillan estrenando amor una vez más.
Nuestros labios se buscan, sedientos de besos contenidos
ocultos bajo enojos sin sentido.
En mi cama se graban nuevamente
las huellas del amor enloquecido
con caricias de fuego, desbordantes de placer.
Con palabras no dichas y silencios que hablan
con un pacto de amor invisible a los ojos,
nuestros cuerpos manifiestan
que nuestras vidas se pertenecen.
Otra vieja noche nueva,
en la que respiro tu aliento;
en la que admiro maravillada
tu semblante en resplandeciente descanso
que reposa sobre los misterios de los sueños.
Tu ardiente piel, pincelada por el sol
es una reliquia que mis pupilas degustan en la retina.
Un cuerpo que para mí es arte, que para mí lo es todo
Misterio que mis sentidos se deleitan por explorar,
hasta el mas recóndito rincón de tu ser.



viernes, 10 de diciembre de 2010

¿Cómo llora una lágrima?

Lágrima llora y suspira. Llora cuentos de sal. Llora mares enteros de agua dulce que brotan de sus dos ojos invisibles. Gotas de alegría, de tristeza y soledad. Espejos que reflejan sentimientos, canciones en el viento que susurran a la sombra del silencio.
Lágrima llora trocitos de penas y amores. Oculta en una estrella de cristal, le recita poemas al oído de un soñador que nunca sus versos recordará.
Lágrima llora y su llanto se eleva. Se siente el sollozo en la tibieza de un beso, en la risa de un niño y en el perfume a jazmín; también puede oírse su llanto en las noches crueles de invierno, en un amor que se extingue o en un grito de dolor.
Lágrima llora pedacitos de cielo envuelto en palabras, frases entibiadas por el sol que se pierden solitarias en la mudez de la habitación.
Lagrima llora, derrama su sangre y sus gotas espesas caen tímidas sobre un papel. Surgen de ellas letras en rojo que tiñen las hojas. Una nueva historia comienza a nacer.

lunes, 6 de diciembre de 2010

Pesadillas.

Un grito desesperado irrumpe la quietud de la habitación y me despierta de un pesado sueño sin sentido que probablemente no recordaré. El cuarto recobra por unos instantes la inmutabilidad de la madrugada, antes que un nuevo alarido desgarrador emerja desde los rincones más oscuros de la desesperanza.
¿De donde surgen sonidos tan perturbadores? Cantos lúgubres de pájaros muertos, cenizas de nostalgia que se encajan en una garganta quejosa, aullidos enfermos, sedientos. Los susurros más devastados se clavan en mis oídos, me atraviesan furiosos, hurgando en los recovecos mas escondidos de mis secretos.
Se oyen cada vez más fuertes, cada vez más reiterados, cada vez más cerca. ¿Quién es? ¿Quién grita? ¿Quién sufre y llora? Los lamentos más tétricos tiñen la escena de gris. No asustan, pero duelen. Se encienden sentimientos olvidados que queman y lastiman. El ruido se vuelve demasiado agudo y se torna ensordecedor. Dulce tortura de envenenadas sirenas, voces desconocidas con aroma familiar. Desprotegen mis debilidades, me quitan el habla y desnudan viejas sensaciones dormidas.
¿Cómo detener tan agradable martirio? Me seduce, me hipnotiza, me hiere y me aplasta. Inmóvil, paralizada, es tan poderosa la melodía que no puedo ofrecer resistencia. El cuerpo me pesa, los músculos tensos parecen romperse. Los labios se tiñen de un gusto a sangre ausente.
Mi boca se abre al fin, en un exasperado intento de liberar la opresión y de ella se escapa un chillido irreconocible. Es mi voz, la misma voz que me aturde y que colapsa mi mente. Ese dolor ahogado, esa inquietud de instinto ciego, ese escándalo destrozado no es más que un eco. Un reflejo distorsionado de una angustia que nace del fondo de mi pecho, mezclada con un aire contaminado de pena en mis pulmones.
Solo yo escucho tormento, solo yo siento fatiga, en mis venas retumba el calor que nadie más oye. Traspasando los cristales de la ventana el clamor se hace música, mas aquí la paredes encierran el desierto, la mudez de estas pesadillas locuaces.

jueves, 2 de diciembre de 2010

Nadie

¿Quién soy cuando no soy? Y cuando estoy pero me pierdo.
No soy más que un suspiro en el viento, una lágrima en el mar. No soy más que palabras, palabras que no son, que no existen. Soy un sin fin de relatos sin sentido, de oraciones suicidas, expresiones agrias que no encuentran el final detrás de un punto y se arrojan a morir en el fondo de tus ojos. Una maraña de trivialidades frías que cortan las alas de la inspiración. Un vaso vacío, un secreto olvidado en este puño cansado de desaparecer.