jueves, 21 de octubre de 2010

Ya no hay lágrimas, ya no más. Las palabras quedaron mudas, las trago sin masticar perdiéndolas en lo más hondo de mi ser, ya nunca serán dichas. Los sentidos se apagan, la nada me absorbe, invisible soy en este incomprendible mundo. ¿Quién eres? ¿Quién soy? ¿Qué hago? ¿De qué hablas? No conozco el leguaje,  palabras ininteligibles brotan de esas bocas. Extranjera me siento de mi propio lugar. ¿Por qué me llamas amigo? ¿Por qué me llamas amor? Silenciosas preguntas que aturden, que confunden. Tantos ojos mirandome y yo tan distinta, y yo tan igual. Ya no entiendo, ya no pienso, ya no siento.