miércoles, 13 de octubre de 2010

Estoy tarareando una canción, que no puedo descifrar. Me desperté con esa musiquita de telón, que mi mente me trajo para acompañar al Sol. Son melodías inventadas tal vez, pequeñas sinfonías del corazón, notas de azúcar mezcladas con espuma de mar, que saben a frutas y se silban suavecitas, como la brisa de verano.
No puedo dejar de cantar, de cantar y de sonreír, admirando con mi canción el cielo de la mañana. Sonrío sin timidez, sin disimulo por la calle, sonrío regalando flores de alegría por doquier, ramitos de colores con texturas de algodón.
Sigo sonriendo y andando, y cantando mi canción. Por la calle titilan destellos, que se prenden y apagan al ritmo de mi tonada. Detengo mi paso sin prisa y tomo unos de esos brillitos del aire, lo contemplo maravillada, con admiración. ¿De qué se trata? No lo sé, quizás sean pedacitos de amor, ¡Qué hermosura! Mi sonrisa esta vez resplandeció de dicha, resplandecía igual que los centelleos que me envolvían, de repente de mis ojos brotaron dos lagrimitas de arco iris, eran lágrimas de felicidad.

1 comentario:

Alabastro dijo...

¿Tan feliz vas a ser?