lunes, 9 de agosto de 2010

Noche otoñal

Una otoñal noche sin nubes (si mal no recuerdo) me trajo, con aquella desprolija brisa revolviendo mi pelo, memorias de aquel particular viento de la costa, de esas inolvidables vacaciones pasadas, de aquellos recuerdos de arena.
El cielo parecia de luto, vestido de un negro imprenetrable. Las interminables charlas se enredaban entre memorias, amigas, música y el inconfundible sabor de un Fernet.
De repente, la magia brotó entre un par de manos allí presentes. Asombradas, observamos aquel inesperado pero tambien ansiado regalo, y con antojo deleitamos la sorpresa. Sin espera ni preámbulos, la oscuridad vio la luz nacer en una llama. Nuestros ojos se encontraron, y con una mirada cómplice y silenciosa vimos la noche encenderse.
En una rueda estática, sin movernos del lugar, comenzamos a girar tan solo con un suspiro. Las risas entre el humo, se animaban a volar. Perdidas, sin destino, se marchaban hacia ningún lugar.
La memoria y el olvido se enredaban en las sombras, el pasado y el futuro se mezclaban en el tiempo. Las horas se espesaban, desorientadas en el aire, esfumandose luego de cada bocanada.
El vaso de Fernet, transpiraba sobre la mesa, y la música de fondo parecía lejos, olvidada. Solo las risas se oían, risas sin sentido y sin gracia. Risas vacías, risas de olvido. Risas guiadas por una mirada indiferente, desorientada, que buscaba esconder tras esa falsa nube de ilusiones, la tristeza de la realidad.
Cerré mis ojos esa noche, mientras el humo se disipaba, el viento acarició mi rostro y sonreí, me encontraba una vez mas, en aquella lejana playa.

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