martes, 15 de junio de 2010

Eterno amor de un suspiro.

Nadando entre recuerdos, ahondando en mis más profundos sentimientos, mi mente se sumerge en reflexiones. Palabras en el viento, sonidos en el agua, frases de amor, de mentira y de traición. Silencios de tumba quebrados, mudos. ¿Qué hubo de cierto? ¿Qué fue realmente verdad?.
Palabras, caricias, sangre. ¿Donde se presenta el amor? ¿Qué lo hace vívido? Donde quedó esa pareja que se llevaba de maravillas? ¿Donde quedó el sueño? ¿Donde quedamos vos y yo? ¿Donde se perdieron aquellos sentimientos que inventamos, que colmaban nuestros días?
¿Así era el amor?
Yo he amado, sé lo que es, lo que se siente, como se vive. Sé amar.
Pero también me ha tocado la otra parte, la de decidir, la de dejar, la de olvidar, y no por eso, considero que mi amor fue vacio, falso o superficial.
Yo amé con mi corazón, empeñando mis sentimientos a mansalva, sin contemplacion. Sin dudas, ni recovecos vacios. Sé lo que es entregarse por completo, sin medidas, ni cuotas, sin reservas. Entregué todo de mi vida, hasta entregar mi vida misma. Puse mis sueños, mis fuerzas, mi respiración y mi sangre en su nombre. Lo adoré hasta el cansancio, lo amè tanto, hasta olvidar quien era yo, quien era el mundo, quien me rodeaba y quien no. Llegué a disolver de mi existencia, todo lo que se movia alrededor. Ni el tiempo ni el espacio tenian estabilidad para mi, cuando me encontraba a su lado. Aprendi a ser él en mi.
Sé lo que es amar, lo amé. Vivi mucho tiempo para su vida, para respirar su aire. Para llorar y sufrir y sangrar su amor, para vivirlo.
No puedo poner en duda mis sentimientos, no creo que se haya tratado de una ilusión, o peor, una obsesión. No lo fue, no lo es, porque lo mio no era perverso. Era un amor tan puro, tan real, que dolió. Dolió hasta el alma. Pero el alma es espiritual, y este amor dolió mucho mas que eso. Dolió hasta los huesos, hasta la carne, me dolia respirar a veces. Me dolieron los mares de lagrimas que derramé. Me dolieron hasta las pestañas. Me dolió amarlo así.
Sentí el amor recorrer hasta la última célula de mi cuerpo, metabolizando cada "te amo" en la razon de mi existir. Lo amé, sin dudas, sin recelos, ni tapujos. Lo amé, atentanto cruelmente contra mi.
No dudé ni un segundo, a pesar de mis miedos, en entregarle en cada beso, en cada caricia, en cada palabra, la plenitud de mi ser, de mi razón. Le dí todo sin siquiera pensarlo, porque mis sentimientos brotaban por cada uno de mis poros, y no habia tiempo ni espacio donde guardarlo. Los gastaba, a las vez que crecian en mi, con cada latido. Mi sangre bombeaba su nombre, y derramé con ella mi cordura.
Así fue, lo adoré, lo idolatré y lo glorifiqué como a un Dios, como al Creador que consiguió llenar con deseos el insipidos sabor de mis días.
Sé que existió ese amor, que no fue falso, ni vacio, ni superficial. Pero no se puede recordar de por vida, lo que hace mal, lo que intoxica y envenena, lo que no se solidificò mas que en mi cuerpo, en mi espìritu, hasta desintegrarme. Ese amor, tan mio, tan personal, tan unico, ese amor que nunca conociò la devoluciòn, la reciprocidad de esa devociòn.
No me considero mentirosa, ni embustera. Hice lo que debia hacer, sentí incansablemente hasta el cansancio, porque así funciona; uno ama, irremediablemente sin cura ni remedio, sin peros ni razones. Pero cuando el amor, solo vive de ilusiones, de palabras, de promesas, de estafas, sin probar el sabor a la realidad, la misma realidad lo agota, lo consume, lo asfixia. Y este, como tantos otros casos que conozco, tuvo la desdicha, o la inmadurez, o quizas un irremediable destino de soledades, de caminos cruzados (pero divididos) de vivir tan solo del aire; y de morir sin remedios, preso del inevitable final que presupone soñar despierto.
Tanto llorarlo, tanto agonizar este sentimiento, tanto atentar contra mi enamorado corazòn, sin querer oir sus sordos lamentos de agonia; una mañana como tantas, despuès de haber llorado otra larga noche, asì como la tinta sobre un papel mojado, una sensaciòn distinta me inundò. Esas incanzables làgrimas, fueron disolviendo con sigilo y en silencio mi amor. Fueron evaporando inconscientemente esa entrega, hasta extinguirla.
Mi corazon supo amar, pero tanto le costò ese precio, que no hubo mas remedio, no hubo opciòn, no fue queriendo, simplemente, asi fue. Se cansò, se agotò de esperar algo, de la nada misma de su amor.
No fue desamor, no olvidè por elecciòn, agotè mi existir hasta la existencia misma, y en el fin, cuando ya no habia nada, en ese vacio se habian difuminado tambien mis sentimientos.
Quise creer en un amor eterno, y hoy comprendo que la eternidad, es un tèrmino muy relativo. La eternidad puede durar, a veces, un suspiro, o mil noches de llanto. La eternidad puede durar eternamente mientras uno lo desee, asi sean solo un par de dias, puede ser eternidad.
Eterno fue mi amor mientras duró, y hoy, eterno es este olvido.

1 comentario:

Anónimo dijo...

amar ,
es lo mas lindo que hay.
exepto cuando del otro lado en vez de que vuelva amor ,
vuelve veneno.