viernes, 25 de mayo de 2012


Benditos aquellos que aman
que ganan, que aun juegan.
Dichosos los cuerpos
que sienten calor.
Consagradas las risas ajenas,
los ojos felices
que miran al mar infinito.
Envidiables los corazones
vivos, gozosos
que no conocen
este rincón oculto, áspero
donde asesino sueños
entre versos cristalinos.

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